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Blog de Victoria Vázquez R.

En busca del tiempo perdido

(Por Victoria)   En ocasiones la curiosidad nos lleva a meter las narices donde no debemos y otras veces nos abre los ojos para comprobar la dimensión de nuestra ignorancia.

Y, ¿a qué viene esto?. Me explico. Como no podía ser de otra forma, me picaba la curiosidad por saber de dónde viene el nombre "Roberto de Saint-Loup", que más de una vez habréis visto por aquí (y que me perdone mi compañero bloguero). No le he preguntado a él directamente porque ya me estaba oliendo yo que iba a pasar vergüenza, y porque algo me había contado un amigo.

Cuando me preguntan que si me gusta leer, contesto que sí, que siempre tengo al menos un libro con su marcador, que leo mucho. Pues hoy soy consciente de lo equivocada que estaba. Buscando este curioso nombre en Internet, me he dado cuenta de que no he leido nada de Marcel Proust y, por supuesto, eso incluye las siete entregas que forman parte de "En busca del tiempo perdido" y donde creo que descubriré quién es el tal Roberto.

Prometo que será mi próxima lectura, si es que mi amigo bloguero no me recomienda lo contrario.

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2 comentarios

Victoria -

Seguiré tus consejos, no lo dudes. Pero fíjate hasta dónde llega esto de la ignorancia que me he visto obligada a acudir en varias ocasiones a http://www.rae.es para entender el significado de todas las palabras de tu comentario. Afortunadamente, esto nunca tiene fin.

Roberto de Saint-Loup -

"...y otras veces nos abre los ojos para comprobar la dimensión de nuestra ignorancia". ¿Sabes, mi querida Victoria,que la expresión tiene un aire poético que me ha sorprendido muy gratamente?. Espero que perseveres. Pero yendo a los del pseudónimo estás en lo cierto, se trata de un personaje de "En busca del tiempo perdido", cuyo nombre me atrajo siempre por su eufonía y por su impenitente dandismo, que siempre me resultó muy simpático como postura vital. Su presencia es muy importante en el tomo VII, "El tiempo recobrado", cuya acción se sitúa en el París de los inicios de la Gran Guerra. Si duda Proust es uno de los grandes, pero conviene tomarlo en dosis casi homeopáticas, pues algunas veces, por demasiado prolijo en su recuperación del pasado, puede llegar a cansarnos. Pero en otras su prosa es tan envolvente que la lectura puede convertirse en una experiencia estética dificilmente superable. Disfrútalo, pero tómatelo con calma
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